Sinaloa-sur-Seine

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29.03.08

Lo que pasa en mi escalera

Desperté a las dos de la mañana picado por la plaga de chinches. Tengo ronchas en la espalda, cuello y brazos.

Descripción de la pieza: En los platos, sobre la mesa rectangular, restos de arroz y huauzontles, cubiertos sucios, mi segundo cigarrillo humeando en el cenicero, los restantes en el paquete de Delicados con filtro, sobre un ejemplar del Laberinto de la Soledad comprado a $45 en un puesto en Miguel Ángel de Quevedo. Conmigo a la mesa, el gato durmiendo en ovillo en una silla que, como las otras, ya ha dado de sí mucho más de lo que decentemente se le puede pedir.

Ecos de sirenas a las 3 de la mañana. Al espejo que cuelga de uno de los muros mi reflejo mirando la hora.

La ventana al norte de la pieza da a un patio central. Veo los vecinos desvelados subir por las escaleras, en frente; más de uno se ha asombrado de ver un extraño en la cocina del vecino. Anoche a esta hora “una viejas llegaron bien pedas, hijas de su pinche madre, armando un escándalo” que despertó a medio vecindario, “¿qué se creen, esas pendejas”. Una de ellas era la vecina de allá arriba, la que “una vez se ligó a uno bien chavito y ese güey se la chamaqueó, le voló sus cosas, pendeja. ¿Quién le manda? ¡Por pendeja!”. Los que se acaban de mudar salieron a ver, y me encontraron a mí a estas horas en la ventana, a la vecina de arriba y su cuatacha que subían las escaleras hacia los cuartos de azotea despertando a todo dios.

Pays des merveilles

De una zancada cruza el valle, pone la vista en aquel cerro y ya está ahí. Habla con grandes entre los chiquitos y chiquitos entre los grandes. Habla con ellos en la plaza, ellos ni la miran cuando hablan, miran los granos de la mazorca caer al morral y la humedad que llega del Este, pasa sobre los tejados y como que se frota y deshace entre las ramas de los árboles.

Sus miradas traen de lejos las nubes. Sus miradas tiran con fuerza de las mechas de esas como motas de algodón sin deshilarlas. La lluvia no se suelta antes del pueblo.

Sus bocas desgranan el maíz. Mazorca de palabras. Sus bocas guían el compás de los dedos que peinan el rosario de granos que se sueltan del olote.

Ella escucha.