Sinaloa-sur-Seine

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27.09.06

Vo... Mo... Yo...

Es curioso ver como tu casa, que antes tan grande era, se ha encogido. Cuando la luz entra, te lanza contra la pared. Cuando tu corazón late, el aire bulle.

Pero tú, tú pareces tan grande, tan pequeña, tan variable.

Y la ciudad. París se ahueca. Cuando me asomo a la calle, el cielo se ha ido lejos y se ha vaciado, la farola alumbra menos, los escasos gritos de los niños escalan sin problemas los tres pisos, las nubes que ayer tocábamos son ahora meros borrones.

Me vuelven a la mente lecturas como ésta, que me salvaron la vida.

« Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima?
Il cherche son pareil dans le vœu des regards. L'espace qu'il parcourt est ma fidélité. Il dessine l'espoir et léger l'éconduit. Il est prépondérant sans qu'il y prenne part.
Je vis au fond de lui comme une épave heureuse. A son insu, ma solitude est son trésor. Dans le grand méridien où s'inscrit son essor, ma liberté le creuse.
Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima et l'éclaire de loin pour qu'il ne tombe pas?
»

René Char, « Allégeance ».

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24.09.06

Un domingo

Comienza el juego, se repite n veces, cada domingo. Como cada mañana, la luz entra a centenas de casas, se escabulle por miles de ventanas. Quiero cegarla, darle a nuestro espacio la intimidad de la excepción. Con las manos cubro los claros que deja la brevedad de las cortinas. Quiero darle a nuestro lugar su particularidad, la posibilidad de hacernos olvidar el día y la noche, que nuestra voluntad y no la de los soles eternos ponga la pauta. Quiero que juntos tu sueño y mis manos rompan el compás de las horas.

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23.09.06

Extra

Intento fundirme en la realidad vista por ti, integrarme a ella incluso cuando de los demás solo quedan algunos rastros. Evito alterar el orden reinante. Formo parte de la ciudad misma. Me integro a la calle, soy un mero comparsa, un peatón desconocido más al que nunca te interesarás, con el que nunca cruzarás palabra.

18.09.06

Sensations, d'Arthur Rimbaud

Voici une traduction propre, vers l'espagnol, de l'un de ses plus beaux poèmes, Sensations, que l'on m'a fait découvrir il y a quelques jours.

Par les soirs bleus d'été, j'irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l'herbe menue,
Rêveur, j'en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien :
Mais l'amour infini me montera dans l'âme,
Et j'irais loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la nature, heureux comme avec une femme.
Las tardes azules de verano, iré por los senderos,
cosquilleado por los trigos, hollaré la hierba menuda,
soñador, sentiré su frescor a mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.
			
No hablaré, no pensaré en nada:
pero el amor infinito entrará en mi alma,
e iré lejos, muy lejos, como un gitano,
por la naturaleza, feliz como con una mujer.
Arthur Rimbaud

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12.09.06

Green spleen

Estoy amohinado, la palabra no existe en el diccionario usual de esta rivera del Atlántico, este sentimiento no debería existir tampoco. Mi vida es un tropo, una figura retórica, una circunvalación a la vida de andar por casa; un río que hace muchos recodos, que dobla y se desvía, se convierte en remanso y llega siempre.

Tuve noticias de un colega que paso algunos años en la cárcel. Para celebrar, estando en cierta manera con él, retome viejas costumbres. A nadie le hace mal tomar sustancias, lo hacíamos en los viejos tiempos y nos lo pasábamos de poca.

Me vinieron a la cabeza recuerdos que estaban en un rincón.

Entre ellos los de las flores de jacaranda pudriéndose y perfumando septiembre. El sol llovía sobre los árboles, los empapaba de luz, de las ramas goteaban sombras que el viento arrastraba. El azul del cielo tras las hojas atraía los sueños, mis ojos se quedaban ahí pegados, mirando allá arriba. Así mirando, sonriendo, soñando con solo ver el cielo que se cae a pedazos, que del árbol caen hojas secas, lloré.

Se hacía de noche en el Ágora. Con la mirada perdida entre las brasas y los rescoldos, tres de mis amigos calentaban sus desvelos. Había recogido ramas secas y, ¡Dios!, les prendí fuego. No había noche como la de hoy, todo mundo lo decía cada vez que nos reuníamos ante la fogata. Si había fuego, había cerveza, toque— un mexicano sabe bien lo que eso es— y velada de canto, risas y charla de amigos. Las obras de Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Rulfo, José Martí, José Revueltas y otros más leídas en voz alta eran— los son todavía— la neta del planeta.

Creo que no hubiéramos podido soportar esos diez meses sin afecto que nos unía. Esos diez meses, tan largos que habíamos perdido la noción de tiempo: ayer era lunes igual que mañana viernes. Nos reuníamos cada noche, descansando nuestros huesos en las bancas de la fuente, calentándonos con leña y luz de luna, cuando había. Con la altitud de México, de noche nunca es verano.

Recuerdo a alguien decir los nombres de la gente que se había ido esa noche a casa, preguntar si alguien de nosotros tocaba la guitarra. Bromeaba con un “ándale, vete a traer una mesa pa’ la lumbre”. Recuerdo al loco que inventaba historias, que modelaba nuevos mundos dibujados en las formas y colores del fuego. Recuerdo que siempre pedía dos pesos prestados para no sé que.

Y esa noche que el primo, nunca supimos de quién, trajo mercancía. Dos de octubre, no se olvida. ¡Qué noche! ¡Cómo nos pusimos! ¿Qué cosa no nos pusimos? Hasta la mascota, Mota la perra, tuvo lo suyo. Ya se hablaba francés en el Coatlicue, gritábamos consignas sin mucho saber lo que significaban, hasta yo, el más tranquilo, me puse a repetir el estribillo de una canción de Bérurier Noir. Fue una noche de amores y una madrugada de desamores y reproches.

Roberto, un beso y un abrazo, hermano. Verdes, que todavía los quiero, verdes. Entre diciembre y abril sabré cuando podré ir a visitarlos.

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9.09.06

Lucio

Portada del libro

El sinaloense conviene una cita con el colega. Éste llega tarde. En el parque de Belleville se sientan a descansar, al colega no le gustan las cuestas.

¿A dónde vamos? — Venga, te invito un café, vamos Chez Cosette, el bar al que fuimos a buscar al viejo, acuérdate.

Y por fin él está ahí, bebiéndose un blanco, conversando con una pareja de turistas, vecinos de vuelta de vacaciones en Mallorca, que cuentan sus hazañas. El viejo no deja que le tomen la delantera. Sabe lo mismo llevar una conversación banal que una acalorada y didáctica discusión sobre los principios políticos del anarquismo.

Nos pedimos dos cafés largos: misma dosis de cafeína pero mucho más agua. Eso da la impresión de que se hace óptimo uso de tu euro veinte. No los mira, la mirada del colega lo dice, está absorbido por esos aficionados de los calamares a la plancha.

— Lucio, ¿Cómo estás?

— Hola, Marcelo…

— Él mira al colega diciéndole con la vista: te había dicho que me siempre me llama así, pues todos los mexicanos tenemos cara de llamarnos Marcelo.

— Bof… nada que contar, dando la vuelta por Ménilmontant, viniendo a verte.

El amor propio del irreductible da un salto y se queda en la rama. El anarquista habla de su tercer libro, que en realidad sería el segundo, solo el último salió de su pluma, el primero fue escrito por un periodista. Lucio vuelve a sus turistas.

— ¡He aquí un par de zapatistas! — casi gritando.

— Que no soy zapatista, soy solo un simpatizante, exagerado.

— Bueno, un par de amigos de México…

— Él es catalán. De Barcelona.

Los turistas sonríen y asientan con la cabeza. Encantados.

— Mucho gusto. He leído los dos libros.

— ¿De Barcelona?

— Sí.

— Vaya que ciudad, qué gente… que años.

— ¿Conociste a Quico Sabaté?

— Quico— el mexicano piensa “tocaste la cuerda sensible, colega”—, qué vida la suya y la de sus hermanos. Yo tenía 14 años en esos tiempos, ellos no era mucho más viejos, eran como mis hermanos mayores. Murieron jóvenes…

— ¿Y a Caracremada?

— Caraquemada… mala suerte la suya, joder. — Se asoman dos lágrimas por esos ojos víctimas de cataratas, se bebe el fondo de su copa de vino blanco.

El colega no insiste en saber más ni en decir que vivió en L’Hospitalet de Llobregat, de donde eran los Sabaté. Hablan de detalles del Franquismo, de la vida de todos los días de todos los españoles, de lo que todo mundo sabe y duele menos.

Algo gordo, calvo y con sonrisa de niño. Pensar que estuvo en la lista de los más buscados. Lucio es el mismo albañil que durante años y años fabricó una infinidad de traveler's checks para financiar la lucha contra la dictadura. El obrero que siempre ha vivido de su trabajo, que ama la libertad más que a su mujer y que llora cuando se habla de los colegas que ya se han ido al otro patio, orden de mudanza dada por el Caudillo.

— ¿Nos vemos un día de éstos por aquí o en el Espace Louise Michel?

— Cuando queráis.



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8.09.06

Preguntas prohibidas

Estábamos a inicios de cualquier mes de mayo, él esperaba los resultados de una entrevista de trabajo. Parecía que le conocen y que saben que esperar le pone de mal humor. En ese momento se conjugaban varias esperas. Ese lunes, visitaba el tempo de la burocracia, el bureau des naturalisations. Fue con sus mejores trapos: botas vaqueras, jeans, camiseta, suéter de lana azul y un inmenso abrigo negro. Nada. Le tocó ser recibido por un tipo, mala suerte, por un tipo que le dijo: otra vez que su dossier estaba completo, él ya lo sabía, que su caso ya se había estudiado, cosa que también sabía, y que tiene que esperar. Coño.

¿Cuánto? Ah… nunca hay que preguntarle eso a un burócrata, siempre habrá una respuesta para salirse por la tangente. Deben tener un manual de respuestas tipo a preguntas tan poco importantes, para ellos, como la mía.

— Enviamos doscientas respuestas al día, señor…

— ¿Y si yo cambiara de dirección?

— ¿De París a París?

— No hay por qué preocuparse.

— ¿De veras?

— Estoy seguro, hay que esperar.

— Pero hace 21 meses…

— La espera no puede durar más de 15 meses, en principio.

— ¿Usted ve?

— A más tardar le llegará en junio, en principio.

Eso fue un gancho al hígado. No hizo más preguntas. Se acomodó el abrigo, se levantó de la silla y salió.

Aplausos.


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6.09.06

¡Malhaya!

¡Haya bonchi! Como dicen en mi tierra...
Hermosisimo Lucero - Chalino Sanchez

3.09.06

Invierno en el subsuelo - Recuerdos

Mis zapatos están empapados; mis dedos, congelados. La noche se anuncia larga y fría, pues la nevada ha comenzado temprano y poco a poco ha opacado el aire, el cielo, el día. En estas latitudes anochece a las 5 de la tarde y amanece poco antes de las 9 de la mañana.

El RER circula lentísimo, como si acabara de despertar y el frío le calara los huesos. Así debe ser. En diciembre, el túnel parece más húmedo y sucio, podría decirse, cubierto de aún más pelusilla y mugre. Los tubos fluorescentes producen el efecto de una claraboya de la cabina de tercera clase de un trasatlántico.

Me adormezco.

2.09.06

Copito de Nieve en Chile o le vol 714 pour Santiago

A su regreso de tierras americanas, Copito de Nieve nos cuenta sus aventuras en el Cono Sur. La audiencia no era copiosa; Copito es huaso y aunque tiene la nacionalidad italiana, solo habla decentemente el español. Pupo y yo somos los colegas que siempre tiene a mano cuando quiere hablar con alguien. Adoramos sus historias, parecen todas sacadas de las páginas de Condorito.

— ¿Conque fuiste a Buenos Aires?

— La chucha... argentinos culeaos.

— ¿Pasó algo?

— La concha de su madre... fui con mi hija a Huenos Aires. Argentinos hueones. El vuelo salió con nueve horas de retraso por neblina en Ezeiza... y cuando le digo a la que atiende la ventanilla de Aerolíneas Argentinas: « ¿pero como el vuelo de LanChile que despegaba diez minutos antes del nuestro ha salido ya? », me dice la conchesumadre: « Ya, los pilotos chilenos son más arriesgados ». Le digo « Pucha. Espero que nos den una compensación al llegar porque, mire, mi hija tiene 13 años y se aburre esperando, dando vueltas en el aeropuerto ». No dijo nada, me miro nomás. Como me jodió, ya no dije más.

— Joder, lo imagino, ¿y qué más?

— Y cuando al fin llegamos... pucha, la huevaá. Nos dieron un sandwich. Le dije sus verdades a la buenorra que estaba en Aerolíneas Ezeiza: « esperamos nueve horas en Pudahuel para que nos compensen ahora con un mísero sandwich de un euro, conchaetumadre. Con razón tu país está en la cagaa, gaucha de mierda. Andate a la chucha... ¿trabajo todo el año en Europa, gaucha culeaa, para que me hagan perder nueve horas de mis vacaciones? ».

No pudimos evitar carcajearnos. Hicimos todo por no llorar de risa. Una hora con Copito en París equivale a un mes en Pelotillehue.

— Y eso no es nada. Los hueones de Iberia... mi billete era París-Madrid Madrid-Santiago, Santiago-Madrid Madrid-París. Los conchesumadre no embarcaron mi maleta de vuelta por Madrid. Llamé a Iberia París y los hueones me salen con que tengo que llamar a Madrid. Le dije a la conchesumadre: « India de mierda, ahora tengo que llamar a Madrid, ¿no me quieres tocar el pito otra vez, que estoy soñando?.

— ¿India de mierda? ¿La empleada no era española o francesa?

— Para mí es una india de mierda una tarada mental como ésa.

Copito es ligeramente racista. El racismo sí que es una tara mental. Bueno, él no es racista, sólo que los demás somos unos indios.