Sinaloa-sur-Seine

Inicio | Ir a los contenidos | Ir al menú | Ir a las búsquedas | Mis fuentes de información | Mis favoritos | /\/\1 51710 3/\/ \/3r510/\/ |33+ |

Tata

Mis creencias son primitivas, testificadas más que aprendidas, pacíficas— siendo yo tan explosivo—, vacías de tabúes y sincréticas. Creencias a secas.

Mi abuelo y yo hicimos una promesa. Y las promesas se cumplen, ¿qué no?, me las cumple. Hay que distinguirlas de las mandas que se hacen a santos o a ídolos que no conocemos ni en fotos. Yo que soy un cabrón no me acuerdo de ella hasta que las paso mal. Mi tata es el único espíritu en el que creo, con él tengo una relación religiosa empírica. Lo invocaba incluso cuando él todavía vivía. Mis creencias no tienen base en tradición o legado étnico-cultural alguno, puedo pensar que se han formado por imitación— así aprendemos cuando somos chicos—, pero de todo eso estoy poco seguro.

Anoche estuve pensando en mi tata, buscando refugio en él. Si yo siguiera su ejemplo, otro gallo me cantaría; siempre he querido hacerlo, hoy me lo he propuesto. Su compañía me conforta. Me da una palmadita en el hombro para que me vuelva y lo vea ahí con su mirada de sesgado: ¿Qué hubo? Se es siempre el hijo de sus padres, y el nieto de su tata, ¿cómo que no? Estoy siempre contigo

Estabamos solos, hablando como un par de amigos cualquiera. Le dejé matar dos cigarrillos para que se acordara de los viejos tiempos, para que estuviera como en su casa. El viejo lo sabe todo pero yo insisto en darle detalles porque me hace falta hablar, hablar cierto y sincero. Pregunto y escucho, él responde yendo al grano. Sin faltar al canon, le pido ayuda, que se asienta si cabe en la lista de lo posible.

Me pidió que pensara en la mañana en que él murió. Yo había dormido en casa y tenía que pasar por la suya para desayunar. Mi madre estaba ahí desde el derrame cerebral del abuelo. Una escena terrible: la media luz de la 7 de la mañana acentuaba el frío de inicios de invierno, velaban su ataúd marrón en una pieza las enormes ventanas de mosquitero; a través de ellas no se veía claro. Me acabo de acordar que las mujeres de la familia lloraban hasta palidecer.

Me sentí tan triste como hoy, ahora me siento casi tan fuerte como esa vez. Al fin sé como afrentar penas así de grandes. Su fuerza me sostiene, de algo tiene que agarrarse uno, dirán por ahí. Ahora espero que cumpla su parte de la promesa, yo quiero cumplir la mía.

A la más bella niña. Suerte, xxx.

Sus comentarios

Ningún comentario por el momento.

Agregar un comentario

Ya no se permiten más comentarios.