Plantado en la Place des Innocents
Aquella tarde tenía cita con mi amigo el Pato, chileno, para irnos a beber unas birras por ahí, quizás al Pont des Arts. Me había llamado a medio día para hablar, yo tenía que comprar algunos de los ingredientes para hacer un pollo en mole y otras cosas mañana por la mañana, finalmente acordamos vernos más tarde en Châtelet. Tuve que ir corriendo al supermercado primero, para comprar unas cervezas; ya cerraban. En un dos por tres ahí me ves, parado en la Plaza, en medio de Skaters y Punks adolescentes.
Y pensar que en ese lugar una vez hubo una iglesia y un cementerio, el más grande de París en la Edad Media, también el más antiguo pues databa de la época galorromana. Inicialmente, se enterraba ahí a los niños, de ahí le viene nombre. Se dice que tras la clausura del cementerio de noche la plaza se iluminaba de fuegos fatuos, que la gente de la época atribuía a las almas de algunos de los muertos, que sufrían al ser abandonados por los compañeros cuyos restos eran llevados a otros cementerios.
La corte de los milagros, esa gran tropa de truhanes y vagabundos a la que Victor Hugo hace alusión en alguna de sus novelas, se reunía en las calles del barrio. Hugo no inventó nada, la corte existía, los vagabundos y pordioseros que de día mostraban sus achaques a los transeúntes y de noche por milagro sanaban, bebían y cantaban. Aún hoy, el barrio que rodea la fuente y Les Halles es célebre por el número de mendigos, carteristas y pequeños traficantes de droga que acoge, atraídos ellos por los turistas y los parisinos que lo visitan ya sea para comprar algo en el centro comercial, ir a Beaubourg (caso especial, porque sobre todo en invierno, su biblioteca recibe muchos sintecho, vagabundos, desempleados y sin sinpapeles que buscan un poco de calorcito), recorrer la rue Saint-Denis con sus sex-shops y sus putas o simplemente coger una de las 8 líneas de metro y RER(tren de cercanías, tren metropolitano) que ahí convergen.
El Pato no llegaba y mi móvil se quedó sin batería. Me fundí en la muchedumbre. Volví a casa.
La corte de los milagros, esa gran tropa de truhanes y vagabundos a la que Victor Hugo hace alusión en alguna de sus novelas, se reunía en las calles del barrio. Hugo no inventó nada, la corte existía, los vagabundos y pordioseros que de día mostraban sus achaques a los transeúntes y de noche por milagro sanaban, bebían y cantaban. Aún hoy, el barrio que rodea la fuente y Les Halles es célebre por el número de mendigos, carteristas y pequeños traficantes de droga que acoge, atraídos ellos por los turistas y los parisinos que lo visitan ya sea para comprar algo en el centro comercial, ir a Beaubourg (caso especial, porque sobre todo en invierno, su biblioteca recibe muchos sintecho, vagabundos, desempleados y sin sinpapeles que buscan un poco de calorcito), recorrer la rue Saint-Denis con sus sex-shops y sus putas o simplemente coger una de las 8 líneas de metro y RER(tren de cercanías, tren metropolitano) que ahí convergen.
El Pato no llegaba y mi móvil se quedó sin batería. Me fundí en la muchedumbre. Volví a casa.
Par Felipe Bachomo :: 11.05.05 à 10:52 (CEST) :: Lutecia y las Galias :: #46 :: rss
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